Howl for my homeland…


“La conciencia de sí está en sí y para sí cuando y porque está en sí y para sí para otra conciencia de sí; es decir, que no existe sino como ser reconocido”  (G. W. F. Hegel)

“La conciencia de sí está en sí y para sí cuando y porque está en sí y para sí para otra conciencia de sí; es decir, que no existe sino como ser reconocido” (G. W. F. Hegel)


Lo Fatal


Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…

Lo Fatal


Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…



Remember spring swaps snow for leaves,
you’ll be happy and wholesome again,
when the city clears and sun ascends.


Confieso que he clamado mi verdad hasta en verso,

mas también Don Quijote dijo: «Yo soy quien soy»,

y al ser era un «nosotros», y al decir, se cumplía,

y al hacernos, se hacía, como en él me hago yo.

Soy sin remedio español.

(…) mas, por si acaso, aún disparo mi sagrada indignación.

Fecho y firmo en tierra vasca con la sangre de Unamuno,

con lo uno que es lo humano de un unánime clamor,

y suplico a Vuestra Eso: ¡déjeme ser español!

Grabriel Celaya

Confieso que he clamado mi verdad hasta en verso,

mas también Don Quijote dijo: «Yo soy quien soy»,

y al ser era un «nosotros», y al decir, se cumplía,

y al hacernos, se hacía, como en él me hago yo.

Soy sin remedio español.

(…) mas, por si acaso, aún disparo mi sagrada indignación.

Fecho y firmo en tierra vasca con la sangre de Unamuno,

con lo uno que es lo humano de un unánime clamor,

y suplico a Vuestra Eso: ¡déjeme ser español!

Grabriel Celaya


“Por lo pronto, no es cierto que la sociedad se componga sólo de individuos; comprende también cosas materiales que desempeñan un papel importante en la vida común. El hecho social se materializa muchas veces hasta llegar a ser un elemento del mundo exterior. Por ejemplo, determinado tipo de arquitectura es un fenómeno social encarnado en las casas, en los edificios de todo tipo que, una vez construidos, se convierten en realidades autónomas, independientes de los individuos (…) La vida social que se ha cristalizado y fijado sobre soportes materiales, se exterioriza y actúa sobre nosotros desde fuera.” (E.Durkheim, El suicidio)

“Por lo pronto, no es cierto que la sociedad se componga sólo de individuos; comprende también cosas materiales que desempeñan un papel importante en la vida común. El hecho social se materializa muchas veces hasta llegar a ser un elemento del mundo exterior. Por ejemplo, determinado tipo de arquitectura es un fenómeno social encarnado en las casas, en los edificios de todo tipo que, una vez construidos, se convierten en realidades autónomas, independientes de los individuos (…) La vida social que se ha cristalizado y fijado sobre soportes materiales, se exterioriza y actúa sobre nosotros desde fuera.” (E.Durkheim, El suicidio)


—Es que todavía estoy aprendiendo estas cosas y… —¿Estas cosas? ¡Oh, bien! Entiendo. Tú crees que ésto no tiene nada qué ver contigo. Vas a tu clóset y escoges, no sé, ese suéter viejo de color azul, por ejemplo porque quieres decirle al mundo que te respetas demasiado como para interesarte por lo que usas. Pero lo que no sabes es que ese suéter no es sólo azul. No es turquesa. No es azul ultramar. Es en realidad, cerúleo. Y además te despreocupas del hecho de que en 2002 Oscar de la Renta hizo una colección de vestidos cerúleos. Y luego creo que fue Yves Saint Laurent, si no me equivoco el que hizo chaquetas militares cerúleas. Creo que necesitamos una chaqueta aquí. Luego, el cerúleo apareció rápidamente en las colecciones de ocho diseñadores. Y después se fue filtrando en las tiendas departamentales para luego ir a parar a un trágico Casual Corner donde tú, sin dudas, lo sacaste de un canasto de liquidación. No obstante, ese azul representa millones de dólares e incontables empleos y es algo cómico que pienses que tomaste una decisión que te exime de la industria de la moda cuando de hecho, estás usando un suéter seleccionado para ti por la gente de esta sala. Entre un montón de cosas.

—Es que todavía estoy aprendiendo estas cosas y… —¿Estas cosas? ¡Oh, bien! Entiendo. Tú crees que ésto no tiene nada qué ver contigo. Vas a tu clóset y escoges, no sé, ese suéter viejo de color azul, por ejemplo porque quieres decirle al mundo que te respetas demasiado como para interesarte por lo que usas. Pero lo que no sabes es que ese suéter no es sólo azul. No es turquesa. No es azul ultramar. Es en realidad, cerúleo. Y además te despreocupas del hecho de que en 2002 Oscar de la Renta hizo una colección de vestidos cerúleos. Y luego creo que fue Yves Saint Laurent, si no me equivoco el que hizo chaquetas militares cerúleas. Creo que necesitamos una chaqueta aquí. Luego, el cerúleo apareció rápidamente en las colecciones de ocho diseñadores. Y después se fue filtrando en las tiendas departamentales para luego ir a parar a un trágico Casual Corner donde tú, sin dudas, lo sacaste de un canasto de liquidación. No obstante, ese azul representa millones de dólares e incontables empleos y es algo cómico que pienses que tomaste una decisión que te exime de la industria de la moda cuando de hecho, estás usando un suéter seleccionado para ti por la gente de esta sala. Entre un montón de cosas.


Andar. Aunque sea sin rumbo. Andar. Quesarse quieto tampoco tiene rumbo. No se va a ninguna parte. Andar hasta agotarase. Se van viendo cosas

Andar. Aunque sea sin rumbo. Andar. Quesarse quieto tampoco tiene rumbo. No se va a ninguna parte. Andar hasta agotarase. Se van viendo cosas


Un amigo me preguntaba porqué no construíamos ahora catedrales como las góticas famosas, y le dije: “Los hombres de aquellos tiempos tenían convicciones; nosotros, los modernos, no tenemos más que opiniones, y para elevar una catedral gótica se necesita algo más que una opinión”.  (H.Heine)

Un amigo me preguntaba porqué no construíamos ahora catedrales como las góticas famosas, y le dije: “Los hombres de aquellos tiempos tenían convicciones; nosotros, los modernos, no tenemos más que opiniones, y para elevar una catedral gótica se necesita algo más que una opinión”. (H.Heine)





Metafísica de la Juventud (Walter Benjamin)

IV.
Experiencia.

Nuestro combate en favor de la responsabilidad está siendo librado contra un ser enmascarado. La máscara de los adultos es la «experiencia» (Erfahrung). es una máscara inexpresiva, impenetrable, siempre igual a sí misma. Todo lo han vivido ya estos adultos: juventud, ideales, esperanzas, mujeres. Todo resultó ser una ilusión. A menudo se encuentran acobardados o amargados. Probablemente tengan razón los adultos. ¿Qué podemos responderles? Aún no hemos experimentado nada. Pero nosotros queremos intentar levantar la máscara: ¿Qué es lo que han experimentado estos adultos? ¿Qué quieren demostrar? Una cosa antes que nada: que también ellos han sido jóvenes, también han deseado lo que deseamos nosotros ahora, también dejaron de creer en sus padres y la vida les enseñó que éstos tenían razón. Los adultos se sonríen con aire de superioridad: a nosotros también nos sucederá lo mismo. Desprecian dc antemano los años vividos por nosotros y hacen de ellos un tiempo de dulce idiotez juvenil, un entusiasmo previo a la gran sobriedad de una vida seria. Y eso, los bienintencionados e ilustrados. Conocemos otros pedagogos cuya amargura no nos permite gozar siquiera de los breves años juveniles.

Con toda seriedad y dureza quieren colocarnos ya en la amarga tarea de la vida. Pero unos y otros desprecian y destrozan nuestros años y no dejan de sobrecoger nuestros sentimientos: tu juventud no es más que una breve noche (¡llénala de entusiasmo!); después de ella viene la hermosa «experiencia», los años de compromisos, de pobreza intelectual y de carencia de entusiasmo: así es la vida. Así nos hablan los adultos; así viven ellos. Sí, así viven los adultos, siempre es lo mismo, nunca es lo otro: vida sin sentido. Pura brutalidad. ¿Nos animáis para la grandeza, para la novedad, para el futuro? ¡No, ni hablar! Eso es inexperimentable. Pero si el sentido, la verdad, la bondad y la belleza se fundamentan en sí mismos, ¿para qué queremos la experiencia?

Y aquí está la clave: como los adultos jamás elevan los ojos hacia la grandeza y la plenitud de sentido, su experiencia se convierte en el evangelio de los filisteos y les hace portavoces de la trivialidad de la vida. Los adultos no conciben que haya algo más allá de la experiencia; que existan valores – inexperimentables – a los que nosotros nos entregamos.

¿Por aquí la vida resulta para los filisteos algo desconsolador y sin sentido? Porque sólo conocen la experiencia, nada más; porque ellos mismos son seres sin esperanza ni espíritu, y porque sólo mantienen relaciones internas con lo rutinario, con lo eternamente vuelto al pasado. Pero nosotros conocemos algo distinto, que ninguna experiencia nos ofrece, a saber: que existe la verdad aunque todo lo pensado hasta ahora sea un error; que la honradez debe mantenerse por mucho que hasta el día de hoy nadie haya sido honrado. Esta voluntad no nos la puede arrebatar ninguna experiencia. No obstante, ¿no podrían tener razón nuestros padres con sus gestos cansados y su desencantada suficiencia? ¿No será inevitablemente triste todo lo que nosotros lleguemos a experimentar de tal manera que el valor y el sentido sólo pueda fundamentarse en lo inexperimentable? Entonces el espíritu sería libre, sólo que la vida le iría hundiendo cada vez más, vida que, como suma de experiencias, resulta en verdad algo desconsolador.

Pero nosotros ya no comprendemos estas preguntas. ¿Habremos de llevar, según eso, la misma vida de aquellos que no conocen lo que es el espíritu y cuyo inerte «yo» acaba siendo arrojado por la vida como por olas a las rocas? No. Toda nuestra experiencia posee ya un contenido. Su contenido será el que le dé nuestro espíritu. La irreflexión sestea en el error: «¡Jamás encontrarás la verdad – gritan los adultos a quienes la buscan – : lo sé por experiencia!». Pero para el que busca la verdad el error no es más que una ayuda para encontrarla (Spinoza). La experiencia carece de sentido y de espíritu sólo para aquellos que carecen de antemano tanto del uno como del otro. Sin duda, la experiencia resultará dolorosa para quien busca en ella, pero difícilmente le dejará sin esperanza.

Quien busca de verdad nunca se resignará apáticamente ni se dejará adormecer por la inercia del filisteo, puesto que éste – ya os habréis dado cuenta – se alegra ante cada nuevo fracaso. Y tiene razón, está plenamente convencido de que efectivamente el espíritu no existe. Pero nadie reclama una sumisión más rotunda, un respeto más profundo hacia el espíritu, que él, pues si ejerciera la crítica sin duda debería comprometerse, y eso es algo que no puede hacer. Incluso la experiencia del espíritu, que él mismo siente a regañadientes, se le convierte en algo inespiritual.

Dígale usted que aprecie
los sueños de su juventud
cuando llegue a ser un hombre.

Nada detesta más el filisteo que los «sueños de su juventud» (y la mayoría de las veces el sentimentalismo no es más que un camuflaje de este odio). Lo que retiene de estos sueños no es sino la voz del espíritu, que también le llama a él, como a todos los hombres. La juventud es un permanente recordatorio para él. Por eso la combate. Por eso la describe como una experiencia gris y todopoderosa y enseña a los jóvenes a reírse de sí mismos. Vivir sin espíritu puede ser algo infame, pero desde luego resulta bastante cómodo.

Por otro lado, nosotros conocemos otra experiencia que puede llegar a ser hostil al espíritu y aniquilar muchos sueños en flor. No obstante, es la más bella, intangible e inmediata, ya que jamás llega a perder el espíritu con tal de que nos mantengamos jóvenes. Como decía Zaratustra al final de su peregrinación, uno sólo se experimenta a sí mismo. El filisteo construye su «experiencia» y se convierte en pura inespiritualidad. El joven vivirá el espíritu, y cuanto mayor sea el esfuerzo con que alcanza la grandeza, tanto mas encontrará el espíritu a lo largo de su peregrinación por entre los hombres. El joven será, sin duda, un hombre indulgente. El filisteo es intolerante.

Paidos, 1995, México.