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"Las ventajas de ser invisible"
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Desde muy pequeña me encantaba bajar al centro de Madrid, observar las calles, las terrazas etc, pero sobre todo, me encantaba observar a las personas. Nunca me sobraron los amigos, era una persona bastante tímida e introspectiva. Soñaba que algún día rompería ese muro que me distanciaba de los demás, e imaginaba cuántos amigos podría tener.  Alguna persona de esta plaza en el futuro podrá ser mi amiga, me decía a mí misma. Cierto es, que con el paso de los años y tras una relación que me rompió en millones de añicos, conseguí romper parte de ese muro y acercarme a las personas.

Nunca tuve un ancla que me sujetase y me mantuviese a flore, siempre iba donde me llevaba la marea. Me adecuaba a las embestidas de la realidad e intentaba no ahogarme, lo importante era sobrevivir, disfrutar me parecía algo imposible e irreal. Con el paso de los años cambié de perspectiva. Aunque la realidad me ahogaba, me inventé unas alas, y aprendí a disfrutar y a  querer a los demás. Pero sobre todo aprendí  a dejar de considerarme extraña, y quererme un poquito más día tras día. Aunque  he de reconocer que en el fondo de mi ser siempre anhelé un halo de normalidad. En la facultad fui de fiesta en fiesta, conocí a muchas personas, y  tuve conversaciones muy interesantes, las cuales me hicieron ver que en el fondo todos somos algo extraños. ¡La normalidad está sobrevalorada! Jaja.En esa época creí tener lo que nunca había tenido, creí haber encontrado mi ancla, tuve amigos de verdad. Amigos que no huyeron cuando les conté lo que acontecía en mi corazón, que me apoyaron siempre y que decidieron pasar sus buenos ratos a mi lado, así como los malos. Pero la rueda del ser, del tiempo o de como narices quieras llamarlo gira, gira y gira, no para.  Las anclas se oxidan, y los barcos van a la deriva.

Decidí creer en las personas, en la humanidad, en cada ser humano que conocía. Hubo veces que proyecté en ellos mis miedos, o lo que más me avergonzaba de mí misma. Me arrepiento mucho. No  fui una buena persona a tiempo completo, pero tampoco fui la mala de la película, hubo otras veces en las que me tocó ser la diana de otros. Me enteré de compañeros que me sonreían o que incluso me ayudaban, y luego me ponían verde, y sí, aunque parezca un sin sentido, estas cosas pasan.

No todas personas valen la pena, o a lo mejor tienen que salir de tu vida para dar paso a otras personas. Lo más importante es seguir andando, aprendiendo, viviendo, disfrutando y siendo feliz.

Desde muy pequeña me encantaba bajar al centro de Madrid, observar las calles, las terrazas etc, pero sobre todo, me encantaba observar a las personas. Nunca me sobraron los amigos, era una persona bastante tímida e introspectiva. Soñaba que algún día rompería ese muro que me distanciaba de los demás, e imaginaba cuántos amigos podría tener. Alguna persona de esta plaza en el futuro podrá ser mi amiga, me decía a mí misma. Cierto es, que con el paso de los años y tras una relación que me rompió en millones de añicos, conseguí romper parte de ese muro y acercarme a las personas.

Nunca tuve un ancla que me sujetase y me mantuviese a flore, siempre iba donde me llevaba la marea. Me adecuaba a las embestidas de la realidad e intentaba no ahogarme, lo importante era sobrevivir, disfrutar me parecía algo imposible e irreal. Con el paso de los años cambié de perspectiva. Aunque la realidad me ahogaba, me inventé unas alas, y aprendí a disfrutar y a querer a los demás. Pero sobre todo aprendí a dejar de considerarme extraña, y quererme un poquito más día tras día. Aunque he de reconocer que en el fondo de mi ser siempre anhelé un halo de normalidad. En la facultad fui de fiesta en fiesta, conocí a muchas personas, y tuve conversaciones muy interesantes, las cuales me hicieron ver que en el fondo todos somos algo extraños. ¡La normalidad está sobrevalorada! Jaja.

En esa época creí tener lo que nunca había tenido, creí haber encontrado mi ancla, tuve amigos de verdad. Amigos que no huyeron cuando les conté lo que acontecía en mi corazón, que me apoyaron siempre y que decidieron pasar sus buenos ratos a mi lado, así como los malos. Pero la rueda del ser, del tiempo o de como narices quieras llamarlo gira, gira y gira, no para. Las anclas se oxidan, y los barcos van a la deriva.

Decidí creer en las personas, en la humanidad, en cada ser humano que conocía. Hubo veces que proyecté en ellos mis miedos, o lo que más me avergonzaba de mí misma. Me arrepiento mucho. No fui una buena persona a tiempo completo, pero tampoco fui la mala de la película, hubo otras veces en las que me tocó ser la diana de otros. Me enteré de compañeros que me sonreían o que incluso me ayudaban, y luego me ponían verde, y sí, aunque parezca un sin sentido, estas cosas pasan.

No todas personas valen la pena, o a lo mejor tienen que salir de tu vida para dar paso a otras personas. Lo más importante es seguir andando, aprendiendo, viviendo, disfrutando y siendo feliz.


A los quince supe toda la verdad que yo nací para volar a los dieciocho éramos extraños dos pives locos de par en par luego fue la fiebre de los veinte años romper con todo me balanceaba sobre los tejados nunca fui la dulce niña de tus ojos ni la mejor barca del mar nunca de nadie, dueña de todo de lo imposible de lo irreal la melancolía es un licor bien caro no te has dado cuenta ya te ha emborrachado se van las últimas luces y acaba la función se van y tú estas ausente se van por siempre pero a pesar de todo sigo aquí siento que te extraño….

A los quince supe toda la verdad
que yo nací para volar
a los dieciocho éramos extraños
dos pives locos de par en par
luego fue la fiebre de los veinte años
romper con todo
me balanceaba sobre los tejados
nunca fui la dulce niña de tus ojos
ni la mejor barca del mar
nunca de nadie, dueña de todo
de lo imposible de lo irreal
la melancolía es un licor bien caro
no te has dado cuenta ya te ha emborrachado
se van las últimas luces y acaba la función
se van y tú estas ausente
se van por siempre pero a pesar de todo sigo aquí
siento que te extraño….



How To Fight Loneliness
Wilco
Summer Teeth

floriental:

Wilco - How To Fight Loneliness





Señor, serenas son…

Señor, serenas son
Todas las horas
Que derrochamos, si en
Malgastarlas,
Como en un jarrón,
Colocamos flores.

No hay tristezas
Ni alegrías tampoco
En nuestra vida.
Luego déjanos aprender,
irreflexivamente sabios,
A no vivirla.

Sino a dejarla flotar,
Tranquila, serena,
Permitiendo que los niños
Sean nuestros profesores
y que nuestros ojos sean
Colmados por la Naturaleza.

A la orilla de la corriente,
Al borde ,de la carretera,
Cae erguida-
Siempre en el mismo
Respiro de luz
De estar vivos.

El tiempo pasa,
No nos dice nada.
Crecemos envejecidos.
Déjanos aprender, como si
irónicamente,
Nos observara partir.


Es inútil mientras
Hacemos un gesto.
No hay resistencia
Al dios cruel
Devorador sempiterno
De sus hijos.

Permítenos recoger las flores,
Permítenos humedecer
Éstas nuestras manos
En los apacibles riachuelos,
De los cuales debemos aprender
A ser apacibles como ellos.

Los girasoles siempre
Están mirando hacia el sol,
Déjanos marchar de la vida
Tranquilos, sin abrigar
Siquiera el remordimiento
De haber vivido.


¡Vuestro Renacimiento es como Proteo! No hay modo alguno de que os pongáis de acuerdo de ninguno de sus aspectos
Huizinga